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Un presupuesto puede envejecer antes de que empiece la obra

Un presupuesto no es una cifra inmóvil. Es una fotografía del alcance, las cantidades y los precios en una fecha concreta.

Las constructoras han vuelto a advertir del impacto combinado de los costes laborales, la energía y los materiales. Según los datos difundidos, entre enero y finales de julio la energía aumentó un 37 %, los materiales bituminosos un 38 %, el aluminio y el acero un 19 % y los productos cerámicos un 11 %.

El debate se centra en la obra pública y en sus mecanismos de revisión, pero la enseñanza resulta igualmente útil para una comunidad, un propietario o una empresa que prepara una reforma.

Cuando transcurren meses entre la redacción del presupuesto, la petición de ofertas y el inicio de los trabajos, la suma inicial puede dejar de representar el coste real. A veces cambia el mercado. Otras veces el problema está en una medición incompleta, una partida poco definida o una solución que todavía no se había concretado.

Actualizar no significa aplicar un porcentaje general a todo el documento. Cada unidad responde de manera distinta. Una impermeabilización depende de superficie, encuentros y preparación del soporte; una estructura metálica, del peso, las uniones y la protección; una instalación, de los equipos, recorridos y condiciones de montaje. Si la definición es ambigua, tampoco existe una base fiable sobre la que revisar precios.

Antes de pedir ofertas conviene comprobar que las mediciones corresponden al proyecto actual, fechar los precios, identificar suministros especialmente volátiles y separar las unidades definidas de las provisionales. Las empresas deben valorar exactamente el mismo alcance: de lo contrario, la propuesta más baja puede ser simplemente la que ha dejado más cosas fuera.

Durante la ejecución, el control económico necesita la misma trazabilidad. Las certificaciones deben responder a cantidades realmente ejecutadas; cada cambio ha de quedar descrito y valorado antes de ocultarse tras revestimientos; y las alternativas de materiales deben compararse por prestaciones, compatibilidad y mantenimiento, no sólo por su coste inmediato.

La subida de precios no convierte cualquier desviación en inevitable. Tampoco permite garantizar que una obra mantendrá siempre el importe inicial. Lo que sí puede hacerse es reducir la incertidumbre mediante un alcance claro, mediciones comprobables, precios actualizados y un registro ordenado de decisiones.

Un buen presupuesto no adivina el futuro. Deja claro desde qué fecha, con qué cantidades y bajo qué condiciones se tomó cada decisión.

Fuente: Cinco Días

Manuel Pizarro MegíasArquitecto técnico · Perito · Granada
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