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En una retirada de amianto, la confianza necesita documentos

Cuando una obra afecta a un material sensible, decir que se ha cumplido el protocolo no siempre basta. También hay que poder explicar qué se hizo, qué se controló y qué resultados se obtuvieron.

El Instituto de Zalaeta, en A Coruña, ha comenzado el curso mientras continúan trabajos en su fachada y cubierta. La retirada de amianto se prolongó hasta el día anterior al inicio de las clases. La Xunta garantiza la seguridad del centro y afirma que el proceso se realizó en el exterior mediante un sistema encapsulado. Familias, profesorado y alumnado, sin embargo, reclaman conocer los estudios efectuados y saber si hubo mediciones en el interior después de que entrara polvo durante la obra.

La información disponible no demuestra que exista amianto dentro del edificio. Precisamente por eso el caso resulta útil: muestra la diferencia entre una sospecha y una conclusión técnica, y el papel que desempeña la documentación para pasar de una a otra.

En trabajos con riesgo de exposición al amianto, el Real Decreto 396/2006 exige un plan previo que describa el material, el procedimiento, las medidas para limitar la dispersión, la protección de quienes ejecutan los trabajos y las precauciones destinadas a evitar la exposición de otras personas próximas. También contempla la evaluación y el control del ambiente de trabajo y la necesidad de asegurarse, al finalizar la retirada, de que no quedan riesgos debidos a la exposición.

No todas las situaciones requieren exactamente las mismas muestras ni los mismos controles. Su alcance depende del material, del procedimiento, de la ubicación, de los cerramientos y de las condiciones reales de ejecución. Pero esa decisión debe estar justificada y ser comprensible.

En un centro ocupado, la gestión técnica no termina en separar horarios. Conviene definir zonas de exclusión, controlar accesos, verificar que puertas y ventanas mantienen las condiciones previstas, ordenar la limpieza y dejar constancia de incidencias o cambios. Si entra polvo en un espacio que debía permanecer protegido, el hecho debe registrarse, evaluarse y responderse con criterios técnicos, sin minimizarlo ni convertirlo automáticamente en prueba de contaminación.

La comunicación también forma parte de la seguridad. Compartir el alcance de los controles, explicar qué significa cada resultado y señalar qué espacios pueden utilizarse reduce incertidumbre y permite detectar preguntas legítimas antes de que se conviertan en desconfianza.

Una retirada correctamente ejecutada protege durante la obra. Una trazabilidad clara permite demostrarlo después.

Fuente: Cadena SER — Radio Coruña

Manuel Pizarro MegíasArquitecto técnico · Perito · Granada
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