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Una nave logística empieza por entender cómo va a funcionar

Una nave no empieza a funcionar cuando termina su construcción. Empieza cuando el edificio y el proceso que alberga encajan de verdad.

Amazon ha puesto en marcha ZAZ8 en La Muela, Zaragoza, su primer centro de distribución en España. La instalación supera los 30.000 m², arranca con más de 100 trabajadores y puede almacenar hasta 8,9 millones de unidades. Su función es mantener productos de alta demanda cerca de los demás centros logísticos para acelerar el abastecimiento.

Hay un detalle especialmente interesante: la nave estaba construida e inactiva desde 2023 y había sido concebida inicialmente como centro de devoluciones. Finalmente se ha reacondicionado para desarrollar una actividad distinta.

Ese cambio recuerda que el uso de una nave industrial no queda definido únicamente por su superficie, altura o número de muelles.

Cada proceso introduce condiciones propias. Cambian los flujos de entrada y salida, la ocupación, los recorridos de trabajadores, el movimiento de vehículos, la distribución de estanterías y equipos, las necesidades eléctricas, el mantenimiento y la forma de responder ante una emergencia. Una organización válida para devoluciones no tiene por qué servir para almacenar y clasificar productos de alta rotación.

ZAZ8 incorpora sistemas automatizados para identificar paquetes, registrar sus dimensiones y peso, clasificarlos y detectar obstáculos mediante sensores LiDAR. La tecnología mejora la operación, pero también exige coordinarla físicamente con el edificio: posiciones y protecciones de equipos, zonas de intervención, accesos de mantenimiento, separación de circulaciones y continuidad de los recorridos de evacuación.

La primera herramienta de un proyecto de actividad debería ser, por tanto, un esquema real del proceso. Qué entra, dónde se descarga, cómo se desplaza, dónde permanece, quién interviene, qué residuos se generan y cómo sale. A partir de esa secuencia pueden comprobarse distribución, instalaciones, seguridad, accesibilidad y compatibilidad urbanística.

También conviene pensar en la evolución. La plantilla, el volumen almacenado o la automatización pueden crecer después de la apertura. Si el proyecto sólo refleja la situación inicial, cualquier ampliación puede crear cruces, sobrecargas o espacios de trabajo difíciles de mantener.

La enseñanza es aplicable a cualquier nave, taller o local: antes de adaptar el continente hay que describir con precisión la actividad. No para llenar un expediente, sino para evitar que el proceso real termine desbordando las decisiones dibujadas sobre el plano.

Porque una licencia acredita unas condiciones concretas, pero es la coherencia entre uso, edificio e instalaciones la que permite que la actividad funcione con seguridad cada día.

Fuente: AS

Manuel Pizarro MegíasArquitecto técnico · Perito · Granada
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