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Una obra en uso necesita límites que también funcionen

Que una instalación vuelva a abrir no significa necesariamente que la obra haya terminado.

El Pabellón Quique Blas de Collado Villalba reanudó el 7 de septiembre los entrenamientos de los clubes municipales después de permanecer cerrado desde junio. Sin embargo, la ampliación y remodelación, con una inversión de 4,9 millones de euros, continuará durante los próximos meses mientras se utiliza el recinto.

Para compatibilizar ambas actividades, los trabajos se concentran por la mañana y los entrenamientos por la tarde. Además, se han instalado vestuarios modulares provisionales en el exterior y se mantiene restringido el uso continuado de las gradas durante los remates interiores.

La separación horaria es una medida importante, pero por sí sola no resuelve toda la convivencia entre obra y uso.

Antes de que entren los usuarios debe existir una entrega diaria clara: zonas de trabajo cerradas, herramientas y materiales retirados de los recorridos, accesos controlados, limpieza suficiente y comprobación de que las protecciones provisionales siguen en su sitio. También hay que prever qué ocurre si una incidencia obliga a abandonar el edificio, cómo acceden los equipos de emergencia y qué itinerarios permanecen disponibles.

La separación debe ser física además de temporal. Polvo, ruido, acopios, maquinaria y circulación de operarios no pueden invadir los espacios destinados a deportistas. Los recorridos de obra y público deberían evitar cruces, y cualquier paso inevitable necesita condiciones concretas de control. Un cerramiento provisional no es sólo una barrera visual: debe ser estable, continuo y compatible con puertas, suelos e instalaciones existentes.

Los servicios temporales también forman parte de la obra. Habilitar vestuarios modulares exige resolver acceso, iluminación, saneamiento, abastecimiento, mantenimiento y condiciones de uso durante todo el periodo previsto. Lo provisional no puede convertirse en una zona sin responsable técnico.

En una intervención por fases, el plan inicial tampoco basta para toda la ejecución. Cada cambio de frente, retraso o trabajo imprevisto puede alterar aforos, recorridos y separaciones. Por eso conviene revisar las medidas antes de cada nueva etapa y comunicar con precisión qué áreas están disponibles.

La lección es sencilla: mantener un edificio en funcionamiento durante una reforma no consiste en trabajar deprisa cuando está vacío. Consiste en diseñar una frontera real entre actividades incompatibles y verificar cada día que esa frontera continúa funcionando.

Fuente: Cadena SER Madrid Sierra

Manuel Pizarro MegíasArquitecto técnico · Perito · Granada
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