Rehabilitar patrimonio no consiste en devolver un edificio a una imagen idealizada del pasado. Consiste en conseguir que vuelva a ser útil sin borrar las huellas que permiten comprenderlo.
El Patronato de la Alhambra y el Generalife ha licitado por 1.103.736,26 €, IVA incluido, la rehabilitación integral de El Polinario, un inmueble situado en la calle Real del recinto monumental. El plazo previsto es de doce meses y el programa combina un uso cultural y de atención al público en planta baja con dependencias administrativas en la planta superior.
La actuación resulta especialmente interesante porque no parte de un edificio vacío de significado. Las prospecciones arqueológicas han descubierto estructuras que deberán conservarse, protegerse e integrarse en la nueva sala de interpretación.
A ello se suma una intervención constructiva amplia: consolidación de los cajones de tapial y retacado de oquedades, refuerzo de elementos originales, sustitución de dinteles de madera deteriorados, desmontaje de la cubierta existente y ejecución de otra tradicional de madera, además de un nuevo núcleo de comunicación vertical accesible.
Ahí reside el verdadero reto técnico. Cada decisión debe responder simultáneamente a varias exigencias: estabilidad, conservación material, accesibilidad, uso público, compatibilidad entre sistemas nuevos y antiguos y lectura histórica del conjunto.
Resolver una de ellas ignorando las demás puede producir una obra aparentemente correcta, pero patrimonialmente pobre o difícil de mantener.
En edificios históricos, el proyecto no puede limitarse a definir unidades de obra. Necesita un conocimiento previo riguroso, una documentación precisa del estado existente y criterios claros para decidir qué se conserva, qué se refuerza, qué se sustituye y cómo se hacen reconocibles las incorporaciones contemporáneas sin convertirlas en protagonistas.
También exige control durante la ejecución. El tapial, la madera y los restos arqueológicos no admiten respuestas automáticas: lo que aparece al abrir una cubierta o descubrir un paramento puede obligar a revisar detalles, mediciones y secuencias de trabajo. La coordinación entre proyecto, arqueología, conservación y obra será tan importante como la solución dibujada inicialmente.
El Polinario recuerda una idea esencial: rehabilitar bien no es hacer que un edificio parezca nuevo. Es permitirle continuar en uso conservando la información que sólo él puede transmitir.
Antes de intervenir en cualquier inmueble con valores históricos, la primera decisión debería ser entender qué no debe perderse.
Fuente: https://lnkd.in/eWQcuzgj
Más información: https://manuelpizarro.es
