En realidad, este no deja de ser mi primer post profesional y no sé como enfocarlo. No doy con una temática definida sobre lo que empezar a hablar y continuar hablando, desde ese punto de partida. En teoría, como blog profesional que éste reza ser, debería de tratar temas relacionados con mi profesión y experiencias profesionales, pero es ahí donde topo de bruces con la disyuntiva.

     Mi profesión, de la Arquitectura Técnica, la del Aparejador de toda la vida, esa que ahora no encuentra nombre ni lugar ni ocasión.

     De un tiempo a ésta parte, en concreto, desde que estalló nuestra adorada crisis, hemos tenido que reinventarnos en un sector, el nuestro, en coma forzosamente inducido. Los que aún quedamos en activo ejerciendo, lo hacemos por pura supervivencia, cada vez a menos, dentro de un panorama nada halagüeño.

     Quizá mi caso particular no sea el más indicativo, quizá explique el porqué más adelante, pero si puede, ayudar a otros compañeros que se encuentren ahora mismo en situación de no saber qué hacer o cómo comenzar con su vida profesional.

     En llano, sin preámbulos ni eufemismos, la única salida de nuestro sector, dentro de España, ahora mismo, es ejercer nuestra profesión por libre. Ventajas, pocas, inconvenientes, muchos (por no decir, todos). La situación es complicada, no vamos a ocultarlo. A nadie se le escapa a estas alturas. Estamos en vías de extinción y más cuando, en medio de ésta situación catastrófica, no teniendo un mercado laboral digno en nuestra patria, se nos cierran las puertas y salidas al mercado laboral extranjero por dejar que otros pretendan nombrarnos ahora como ellos quieran o les convenga.

     Ya he expresado mi opinión al respecto en otros sitios y redes sociales, lo vuelvo a hacer, no me cansaré de decirlo, ni ahorraré saliva al respecto. Me parece que todo éste tema de llamarnos A ó B para adaptarnos al bendito Plan Bolonia, no deja de ser una cortina de humo para entorpecer nuestra salida, sí, la nuestra, la de los Arquitectos Técnicos y Aparejadores, al exterior de nuestras fronteras en donde ganarnos el respeto y el sitio, dentro de la edificación, que debiéramos ya tener.

    Ni que decir tiene que reconocer nuestra figura en el extranjero es lo principal, ahí radica una lucha ya tardía. Que cualquiera en la vieja Europa, la nueva América, la olvidada África y la creciente Asia, sepa la labor que desempeñamos y la versatilidad de la que hacemos honor, sin mencionar los honorarios que cobramos por todo ello, menores que los de arquitectos e ingenieros, asumiendo, eso sí, las mismas responsabilidades (civiles y penales, que parece que luego se olvida).

     Y digo lucha tardía, porque ya en estos momentos, duros, deberíamos ser reconocidos y adoptados en otros países, de forma que pudiéramos, melancólicos, emigrar con la cabeza bien alta para trabajar allá donde podamos en lo que nos compete y no depender de formar parte de la plantilla de empresas españolas, las que aún queden, que tengan proyectos en el extranjero.

     Retornando al tema inicial, sobre cómo ejercer ésta profesión en estos tiempos, me ratifico, en que ahora mismo el trabajo sólo podemos encontrarlo desarrollando nuestra profesión por libre. Y ahí radica nuestra grandeza. La edificación privada está desaparecida, la edificación civil parece ir teniendo las horas contadas debido a los impagos por parte de las administraciones (y creo que lo peor está por llegar). Pero no sólo de edificación vive el Arquitecto Técnico o Aparejador. La amplia gama de trabajos que podemos desarrollar aún nos brinda muchas posibilidades, siempre y cuando, tengamos esa capacidad de sacrificio que supone el ir buscando día a día el trabajo a desarrollar, haciendo valer nuestra condición de técnico a pie de calle, y ahí reconozco que no todos valen. Yo también soy amante de la estabilidad, pero no se estila para estos tiempos presentes y futuros cercanos.

     Proyectos de Actividad (Inocuos o Calificados Ambientalmente), Informes Periciales, Tasaciones Patrimoniales y Rústicas,  Mediciones, Presupuestos de Reformas, Certificaciones de pequeñas obras, Certificados de Medición Topográfica, de Solidez, de Superficie… Éstos han sido mis trabajos durante el pasado año 2011. En todos ellos somos técnicos competentes y demandados. Tan sólo tenemos que saber que están ahí fuera y salir a buscarlos.

     Y es duro, sí, es desesperante y decepcionante ver que día tras otro no sale nada, también, pero es gratificante en el fondo y forma parte de nuestra profesión, una parte que quizá la gran mayoría de compañeros tuvieran olvidada y que invito a que recuperen, al menos para mantenernos ahí y que nuestra figura salte al momento y esté en boca de la gente cuando demanden técnicos que puedan desarrollar el trabajo que demanden o solucionar el problema que tengan.

     ¡Mucho ánimo compañeros!

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